35 Fancine de Málaga: ‘Dracula: A Love Tale’ de Luc Besson inaugura el festival

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Bastión ha estado presente en la gala de inauguración de la 35ª edición del Fancine de Málaga, celebrada en los emblemáticos Cines Albéniz, en plena calle Alcazabilla, bajo la mirada iluminada de la Alcazaba.

Inauguración del 35 fancine. Fotografía cedida por el equipo de prensa del Fancine de Málaga.

Como cada año, el certamen organizado por la Universidad de Málaga abre sus puertas con una proyección destacada dentro del género fantástico y de terror. En esta ocasión, la elegida para inaugurar el festival ha sido Dracula: A Love Tale, la nueva película del cineasta francés Luc Besson, que ofrece una mirada singular y poética sobre el eterno mito del vampiro.

El regreso del conde: la visión de Luc Besson

Con Dracula: A Love Tale, Luc Besson se sumerge en uno de los personajes más icónicos y reinterpretados de la historia del cine para ofrecer una versión que enfatiza su dimensión emocional y trágica. Lejos del terror clásico y de los clichés del vampiro depredador, la historia se centra en Vlad II (Caleb Landry Jones), que tras la devastadora pérdida de su esposa Elisabeta/Mina (Zoë Bleu Sidel), renuncia a Dios y hereda una maldición que lo condena a deambular por los siglos, buscando un imposible reencuentro con su amada.

Besson combina el lenguaje del cine fantástico, el drama romántico y el relato histórico, alternando escenas de épica medieval, con batallas, intrigas políticas y rituales de época, junto a momentos de melancolía contemporánea, donde la soledad y la eternidad del personaje se sienten palpables.

Caleb Landry Jones como el Conde Drácula

El despliegue visual de la película es uno de sus puntos más impresionantes: castillos y fortalezas sumidos en sombras, salones de época iluminados por candelabros y velas, y escenarios naturales bañados por luz difusa que aportan un aura gótica y onírica a cada secuencia. El diseño artístico, el vestuario y la dirección de fotografía crean un efecto casi pictórico, reminiscentes de una pintura barroca en movimiento, mientras la música de Danny Elfman refuerza la narrativa con un tono lírico y elegíaco, capaz de transmitir tanto la grandeza épica como la vulnerabilidad íntima del protagonista.

Besson añade además una dimensión histórica y simbólica al mito al retomar la figura de Vlad II, el Empalador, integrando secuencias que evocan su origen legendario y su contexto histórico, mezclando elementos épicos con metáforas visuales sobre el poder, la muerte y la eternidad. Esta fusión de historia, fantasía y emoción es lo que confiere al film su encanto particular: un Drácula más humano que monstruoso, más enamorado que temido, un personaje cuya tragedia y pasión atraviesan siglos, y cuya interpretación se ve enriquecida por un reparto capaz de dotar de matices a cada emoción, desde la devoción y la pérdida hasta la desesperanza y la memoria inalterable de un amor perdido.

El mito vampírico: cien años de sombras y deseo

Desde su primera aparición en la novela de Bram Stoker en 1897, Drácula se ha convertido en un espejo del inconsciente colectivo. Cada generación ha reinterpretado al vampiro según sus miedos, obsesiones y deseos. Y el cine, naturalmente, ha sido su refugio más fértil.

La primera gran encarnación llegó con Nosferatu (1922) de F. W. Murnau, obra maestra del expresionismo alemán que transformó al vampiro en una figura espectral y decadente, metáfora del miedo a la peste y a la muerte.

‘Nosferatu’ (1922)

Una década más tarde, Bela Lugosi inmortalizó al conde en Dracula (1931), bajo la dirección de Tod Browning, dotándolo de elegancia, misterio y un magnetismo que definiría para siempre la iconografía del personaje.

‘Drácula’ (1931)

En los años 50 y 60, la Hammer Films británica devolvió al mito su sensualidad y su violencia. Christopher Lee, con su imponente presencia y mirada de acero, interpretó al vampiro más carnal y amenazante de la gran pantalla.

‘Drácula’ (1958)

En paralelo, otras versiones exploraban nuevas lecturas: desde el existencialismo de Werner Herzog en su Nosferatu: Phantom der Nacht (1979), hasta la exuberancia romántica de Francis Ford Coppola en Drácula de Bram Stoker (1992), donde Gary Oldman encarnó a un conde trágico y apasionado, envuelto en una atmósfera operística y decadente.

‘Drácula de Bram Stoker’ (1992)

En el siglo XXI, el mito ha seguido mutando. Park Chan-wook lo reinventó en clave filosófica en Thirst (2009); Jim Jarmusch exploró su versión más existencial en Only Lovers Left Alive (2013); y más recientemente, Robert Eggers ha devuelto al vampiro a su origen con la esperada Nosferatu (2024), un viaje visual entre lo sagrado y lo maldito.

‘Nosferatu’ (2024)

Un legado inmortal

Con Dracula: A Love Tale, Luc Besson se suma a una larga tradición de cineastas que han querido dialogar con la leyenda del vampiro.
Cada nueva versión, lejos de agotar su esencia, la renueva y resignifica: del monstruo al amante, del depredador al alma condenada, del horror al deseo.

El mito sigue vivo porque se adapta al pulso de cada época. Lo hizo F. W. Murnau al convertirlo en símbolo del miedo y la decadencia; Coppola al transformarlo en un relato de pasión y redención; y ahora Besson, al explorar su lado más humano y emocional.
En esa misma línea de reinterpretación moderna, Guillermo del Toro prepara su propia lectura de los monstruos clásicos con Frankenstein, reivindicando, como Besson, el derecho de cada autor a proyectar su mirada íntima sobre los mitos que nos han formado.

Porque adaptar una obra no es repetirla, sino revelar la lectura que su creador hace de ella. Y tanto Besson como Del Toro —dos autores de mundos visuales opuestos, pero igualmente personales— demuestran que el cine fantástico sigue siendo un terreno fértil para explorar los límites entre la belleza y el horror, entre la vida y la muerte.

En Bastión, celebramos que el Fancine inaugure su 35ª edición con una película que, más allá de su espectacularidad, invita a reflexionar sobre la vigencia del mito y la fascinación inagotable que Drácula continúa ejerciendo sobre el cine y la cultura contemporánea.

El Fancine es, además, la oportunidad perfecta para descubrir nuevas propuestas del cine fantástico y de terror, un encuentro repleto de amantes de este género y un evento concebido con muchísimo amor y cariño, donde cada proyección y actividad celebra la pasión por historias que nos hacen soñar, estremecernos y maravillarnos.


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