Mientras seguimos esperando con ganas Dune: Parte tres de Dennis Villeneuve, no podemos dejar de pensar en la colosal adaptación que nunca llegamos a ver de manos de Jodorowsky, que explora, como solamente él y otros creadores como Moebius o Chris Foss, una visión completamente espiritual, surrealista y simbólica de la obra de Frank Herbert, autor de Dune.
Para las personas que desconozcan de la existencia de esta empresa titánica que se intentó llevar a la realidad a mediados de la década de los 70, Alejandro Jodorowsky, cineasta chileno-francés conocido por películas como La montaña sagrada (1972), El topo (1970) o Santa Sangre (1989), protagonizó uno de los momentos más emocionantes que ha vivido la ciencia ficción cuando quiso llevar a la gran pantalla, antes incluso de la adaptación de David Lynch en 1984, la obra de ciencia ficción.
Aunque la película nunca llegó a ver la luz, el documental Jodorowsky’s Dune (2013) recopila toda la información de cómo iba a ser la adaptación. Si te interesa saber cómo hubiera sido, cómo es el trabajo detrás de llevar a la realidad una película, si te gusta Jodorowsky o te apasiona la ciencia ficción, su visionado es obligatorio.
La visión de Jodorowsky
Lo que pretendía hacer Jodorowsky no era simplemente adaptar el libro: era ofrecer al espectador una completa experiencia y que transformara su conciencia. Para él, Dune no era solo ciencia ficción: era un vehículo para hablar de iluminación, trascendencia, sexualidad simbólica, misticismo y revolución interior.
El equipo visionario
Jean Giraud, más conocido como Moebius, se sumó al proyecto atraído por la libertad creativa radical que Jodorowsky proponía y por la posibilidad de explorar una ciencia ficción profundamente espiritual. Lo motivaba la idea de dibujar no solo mundos, sino estados de conciencia, y de crear un lenguaje visual que trascendiera lo narrativo para volverse casi meditativo.
Su aportación a Dune definía la columna vertebral estética del filme: figuras estilizadas, paisajes vastos, líneas fluidas y una sensación de movimiento interior. Moebius concebía Dune como un viaje místico y visual, donde cada traje, cada entorno y cada gesto del storyboard expresara un despertar espiritual. Su visión aportaba luz, claridad y elegancia al proyecto.

H.R. Giger aceptó la invitación de Jodorowsky porque vio en el proyecto una oportunidad única para expandir su universo biomecánico en una escala nunca vista. Lo motivaba la libertad absoluta para imaginar un planeta entero desde su sensibilidad oscura, perturbadora y visceral.
En Dune, su foco eran los Harkonnen: estructuras que fusionaban carne, metal y decadencia, reflejando el poder corrupto y grotesco de esta casa. Su visión aportaba la dimensión más inquietante y carnal del universo de Jodorowsky, en contraste directo con lo luminoso de Moebius. Para Giger, Dune era la oportunidad de explorar la sombra: el miedo, la pulsión y la distorsión del poder.

Chris Foss se incorporó impulsado por el atractivo de crear naves y tecnologías sin las limitaciones habituales del realismo o la ingeniería funcional. Le motivaba la escala monumental del proyecto y la posibilidad de desarrollar vehículos casi mitológicos: colosales, coloristas, geométricos, con una presencia visual que desafiaba las convenciones del género.
En la visión de Dune, Foss aportaba grandeza, volumen y energía cromática. Su enfoque hacía que cada nave o estructura pareciera un símbolo de civilizaciones enteras, más que un simple objeto tecnológico.

El reparto
El reparto que Alejandro Jodorowsky imaginó para su Dune era tan audaz como su visión estética y espiritual de la película. Más que elegir actores por su fama o trayectoria, buscaba arquetipos vivos, personas cuya presencia encarnara la energía, el poder o la espiritualidad de cada personaje. Cada elección reflejaba un propósito simbólico y teatral, alineado con el carácter místico del proyecto.
Salvador Dalí iba a interpretar al Emperador Shaddam IV, aportando la extravagancia y la inestabilidad que Jodorowsky quería para el gobernante del universo. Su icónica imagen y personalidad serían una extensión del poder surrealista que debía emanar el personaje. En contraste, Orson Welles habría dado vida al Barón Vladimir Harkonnen, encarnando la corrupción, la maldad y la monumentalidad de la Casa Harkonnen. Su voz, presencia física y autoridad natural reforzarían la sensación de amenaza y decadencia absoluta que Jodorowsky buscaba transmitir.
Para el joven y carismático antagonista Feyd-Rautha Harkonnen, Jodorowsky pensó en Mick Jagger, cuya arrogancia y energía rebelde habrían aportado dinamismo y una impronta irreverente al personaje. Otros actores, como Udo Kier, estaban previstos para papeles menores dentro de la Casa Harkonnen o figuras simbólicas del universo de Dune, reforzando la atmósfera perturbadora y decadente que el director quería imprimir en la historia.
La música también formaba parte del reparto creativo. Jodorowsky había imaginado a Pink Floyd y a la banda Magma componiendo la banda sonora, integrando elementos psicodélicos y experimentales que potenciaran la experiencia sensorial de la película. La elección de cada actor y músico no respondía solo a criterios de actuación o habilidad técnica, sino a la capacidad de incorporar fuerzas simbólicas y energías que resonaran con la visión espiritual del filme.
¿Por qué nunca vio la luz?
A pesar del entusiasmo creativo, el proyecto chocó con la realidad industrial. La producción, encabezada en un inicio por Jean-Paul Gibon y Michel Seydoux, empezó a crecer hasta volverse inasumible para la época. La duración prevista podía superar ampliamente las 10 horas, y Jodorowsky se negó a reducirla; esto generó reticencias inmediatas.
El presupuesto estimado aumentó progresivamente (no dispongo de una cifra exacta porque las estimaciones varían según las fuentes), y los estudios estadounidenses mostraron un interés muy limitado por financiar algo tan experimental, largo y difícil de comercializar.
También influyó, según los propios testimonios del equipo en el documental Jodorowsky’s Dune, el hecho de que el cineasta no estaba dispuesto a hacer concesiones ni a compartir control creativo. Los estudios, ante una visión tan arriesgada y sin garantías de retorno económico, finalmente retiraron el apoyo. No existe documentación pública que detalle una única decisión final o un veto concreto; fue un cúmulo de desconfianza, escala y riesgo.

El legado de una obra que no pudo ser
Afortunadamente, a pesar de que Dune de Jodorowsky nunca llegara a ver la luz, ha marcado un antes y un después en la manera de concebir la ciencia ficción. Su influencia no reside en una película terminada, sino en la inspiración que dejó para artistas, cineastas y diseñadores, transformando ideas visuales y narrativas en referentes que perduran hasta hoy. Los storyboards, bocetos y conceptos de Jodorowsky y su equipo han alimentado la estética de innumerables películas, redefiniendo cómo se representan mundos, personajes y tecnología en el cine y demostrando que la ambición creativa puede trascender la propia materialización del proyecto.
Influencia en la estética de la ciencia ficción
El material conceptual generado para Dune —storyboards, bocetos, diseños de personajes y de naves— fue un auténtico manual visual que influyó en la industria mucho después de que el proyecto se cancelara.
Alien (Ridley Scott, 1979)
Quizá la influencia más directa de Dune se ve en Alien. Dan O’Bannon, que habría trabajado en los efectos especiales de Dune, quedó profundamente impactado por las pinturas y diseños de H. R. Giger durante la preproducción del proyecto. Su fascinación por las formas biomecánicas y terroríficas que Giger ideó para los Harkonnen derivó directamente en el monstruo de Alien. Además, Chris Foss y Moebius influyeron en la concepción visual del film, asegurando que una parte del universo de Dune llegara a millones de espectadores, aunque fuera de forma indirecta.


Star Wars (George Lucas, 1977)
George Lucas buscaba un espectáculo que combinara aventuras, fantasía y ciencia ficción. Es probable que los storyboards de Dune hayan llegado a sus manos, inspirando elementos de diseño como Jabba el Hutt, que recuerda al Barón Harkonnen, o la monumentalidad de los escenarios y criaturas. Incluso la apertura espacial de A New Hope, con su sensación de movimiento y escala cósmica, tiene ecos claros de la visión de Jodorowsky para la introducción de su universo.

Abajo la versión final de Jabba the Hutt

Contact (Robert Zemeckis, 1997)
La monumental apertura de Contact, en la que la cámara se aleja desde la Tierra hasta mostrar el universo entero, recuerda directamente a la intención de Jodorowsky de iniciar Dune con un largo travelling a través del cosmos. Aunque realizada más de veinte años después, esta secuencia refleja cómo la idea de un inicio “cósmico y poético” permaneció como inspiración para las generaciones posteriores.
Blade Runner (Ridley Scott, 1982)
La visión distópica, los paisajes urbanos densos y la mezcla de lo orgánico con lo tecnológico que Scott plasmó en Blade Runner tiene raíces en los diseños de Giger y Moebius para Dune. La atmósfera opresiva de la ciudad y los contrastes de luz y sombra recuerdan al mundo oscuro de los Harkonnen y a la riqueza visual que Jodorowsky buscaba.

El quinto elemento (Luc Besson, 1997)
El color, la exuberancia y la inventiva en los diseños de naves y personajes de The Fifth Element muestran la influencia directa de Chris Foss y Moebius, quienes crearon mundos y vehículos de ciencia ficción para Dune que mezclaban funcionalidad con exuberancia visual. La película de Besson recoge la libertad estética que Jodorowsky promovía en su proyecto.

Dune (David Lynch, 1984)
Aunque fue una adaptación distinta y más literal del libro de Frank Herbert, la versión de Lynch no pudo escapar a la sombra de la visión previa de Jodorowsky. Conceptos de diseño de personajes y ambientes, así como la idea de una saga épica y mística, tienen paralelismos con los storyboards y el imaginario que Jodorowsky y su equipo desarrollaron durante años.

La ciencia ficción como arte
Antes de Jodorowsky, la ciencia ficción en cine se concebía principalmente como espectáculo: efectos especiales, naves y aventuras espaciales. Su visión cambió esa concepción, mostrando que el género podía ser un vehículo para explorar filosofía, misticismo, psicología y simbolismo.
Dune no iba a ser solo una historia de poder y política interplanetaria; iba a ser un viaje iniciático del espectador, donde la luz y la sombra, la corrupción y la trascendencia, la máquina y lo orgánico se combinaban para crear un mensaje espiritual y emocional. Esto abrió un camino para que la ciencia ficción se pensara también como arte experimental, capaz de conmover e inspirar de maneras más profundas que la mera narrativa lineal.
Inspiración para cineastas y artistas
El impacto de Dune se extendió mucho más allá de los estudios de Hollywood. Storyboards, diseños y notas conceptuales circulaban entre artistas y cineastas, convirtiéndose en fuente de inspiración constante. Muchos directores de renombre han señalado la influencia de Jodorowsky en la libertad visual y narrativa que buscaron en sus propias obras. Además, el proyecto se ha convertido en un símbolo de cómo un proyecto creativo puede ser culturalmente influyente incluso sin completarse, demostrando que la innovación y la visión pueden dejar un legado duradero aun cuando el producto final nunca exista.
Un legado conceptual y estético
En última instancia, el legado de Dune de Jodorowsky no se mide por la película que no se filmó, sino por las ideas, la estética y la filosofía que dejó. Transformó la manera en que artistas y cineastas imaginan mundos, personajes y narrativas de ciencia ficción, y demostró que la ambición creativa puede trascender los límites de la producción convencional. La obra se convirtió en una referencia histórica que sigue inspirando, décadas después, a creadores de cine, cómic y arte visual.
Lo que sí podemos ver
Y sí, es posible que nunca lleguemos a ver lo que Jodorowsky tenía planeado para la Dune, pero sí que tenemos obras del propio Jodorowsky o artistas como Moebius con los que trabajaban y en los que podemos ver esas pinceladas de su visión.
El incal (1980-1988)


Parte de la visión de Dune sobrevivió y se transformó en cómic. El ejemplo más claro es El Incal, creación conjunta de Jodorowsky y Moebius, que recoge la riqueza visual, simbólica y narrativa del proyecto original.
En este cómic se puede percibir la misma preocupación por lo espiritual, los viajes iniciáticos, los arquetipos místicos y los mundos monumentalmente construidos que Jodorowsky imaginaba para Dune.
La casta de los Metabarones (1981)


Después de El Incal, Jodorowsky decidió explorar la épica familiar de los Metabarones, guerreros casi invencibles que atraviesan generaciones en un universo violento y simbólico. La casta de los Metabarones recoge muchas de las ideas que surgieron para Dune: mundos monumentalmente construidos, diseños de armamento y naves espectaculares, personajes arquetípicos y una narrativa cargada de simbolismo, misticismo y psicología profunda.
En este cómic, se perciben ecos claros del proyecto fallido de Dune:
- La construcción de civilizaciones y planetas con un trasfondo casi mitológico, similar al cuidado que Jodorowsky quería dar al Imperio y a Arrakis.
- La mezcla de lo orgánico y lo mecánico, que recuerda a los Harkonnen diseñados por Giger.
- La espiritualidad y los ritos, que evocan la dimensión mística que Jodorowsky quería para Paul Atreides y la Bene Gesserit.
De esta forma, La Casta de los Metabarones se puede entender como una extensión y refinamiento del imaginario de Dune: el proyecto imposible no murió, sino que se trasladó al cómic y se materializó en universos igualmente complejos, simbólicos y visualmente impactantes.


Deja una respuesta